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8 formas de reducir el estrés

Eli Bravo Escrito por: Eli Bravo | Fecha de publicación: 10 de abril de 2018

Seguro has sentido los síntomas: la respiración se te acorta, el pulso se acelera, sientes una energía distinta y tu pensamiento se altera. Puede sucederte antes de una presentación pública, tras una noticia desagradable, en medio de una discusión con tu pareja o ante un conductor grosero y abusivo. Es natural, es tu cuerpo que se activa ante algún estímulo.

Ese golpe de estrés no es malo en sí mismo, en realidad, prepara a tu organismo para responder de la mejor manera. Pero si es muy fuerte o descontrolado, te llevará a un estado donde la reacción puede ser negativa y a la larga terminas por enfermarte.

El estrés es una obra hormonal en tres actos, como escribe Thea Singer, autora de Menos Estrés, en Phsycology Today. Ante un estímulo o una señal de alerta el primer acto lo realiza la adrenalina, la cual dilata las arterias y optimiza el flujo de sangre a los músculos y el cerebro. Luego entra la norepinefrina cuyo papel es contraer las venas y aumentar la presión sanguínea. Luego entra el cortisol para activar las reservas energéticas de las células y mantener esa energía a tope mientras sea necesario.

Visto así, el estrés es lo que permitió a nuestros ancestros cavernícolas huir rápidamente ante un depredador y hoy en día nos impulsa a pedirle un aumento al jefe. Con el cuerpo a tono con la situación podemos ser más efectivos… a menos que el estrés nos domine y se haga crónico. Es cuando debilita el sistema inmune, produce inflamación y promueve enfermedades. Incluso te engorda.

Se habla de estrés bueno cuando conservamos el control de la situación. En esa circunstancia percibimos cualquier estímulo como un reto que podemos superar. Pero si asumimos esa misma situación como una amenaza, el estrés se dispara y el cortisol nos nubla el pensamiento, haciéndonos olvidar las cosas y debilitando la razón. Así que ya no respondemos sino que reaccionamos, y por lo general, lo hacemos de la forma equivocada.

Si hay algo que puede transformar el estrés malo en bueno es la percepción y la buena disposición que tengamos ante la vida. Es el punto de partida de nuestras emociones y tiene que ver con nuestra historia personal y genética. Y si bien no podemos alterar nuestros genes, si tenemos la capacidad de modificar la forma como percibimos y procesamos en nuestra mente lo que nos sucede. En otras palabras, tienes la capacidad de decidir si tomas las cosas como un reto o una amenaza.

“Es una bifurcación en el camino” dice Wendy Berry Mendes, psicóloga de la Universidad de California en San Francisco “y puedes tomar la ruta de la respuesta más positiva ante el factor estresante”.

8 Hábitos desestresantes

Acá tienes unas recomendaciones que comparte Thea Singer y que puedes adaptar a tu vida. Recuerda además que los pensamientos son también un estímulo y la mente reacciona ante ellos de la misma forma que lo hace ante situaciones que ocurren fuera de ti. Obsérvalos y cuídalos.

1) Reinterpreta las experiencias negativas

¿Dejaste algo en el carro cuando ya estabas llegando a la oficina? No te irrites, es una oportunidad de ejercitarte un poco más.

2) Da algo a alguien

Ser bondadoso (y no solo con cosas materiales) te hace más feliz y calmado.

3) Persigue objetivos alcanzables

Si cada día logras algo que te has propuesto reforzarás tus capacidades.

4) Construye tu red de apoyo

El circuito cerebral que se activa ante el dolor físico y emocional reacciona con mayor lentitud en aquellos que tienen alrededor gente que los apoya y les brinda afecto.

5) Fíjate en al menos una cosa buena cada día

Hazlo más real contándoselo a alguien o escribiéndolo. Vale de todo, hasta levantarse de la cama a la hora justa.

6) Medita

Esto altera tu mente, incrementando la cantidad de materia gris en las regiones del cerebro que regulan las emociones.

7) Duerme lo suficiente

La falta de sueño aumenta la sensación de angustia, dispara los niveles de hormonas del estrés y desbalancea el organismo.

8) Ejercítate con regularidad

Este es un estresante bueno porque activa el organismo y te ayuda a drenar emociones. Además, te ayuda a la regeneración de células cerebrales.