Mi sendero de la alegría Una sencilla y común imagen de borde

Mi sendero de la alegría

Valentina Marín Escrito por: Valentina Marín | Fecha de publicación: 18 de junio de 2018

Viktor Frankl decía que la felicidad era como una mariposa. Cuanto más la perseguimos más huye, pero cuando enfocamos nuestra atención hacia otras cosas, ella viene y suavemente se posa en nuestro hombro. Decía que la felicidad no era una morada en el camino, sino una forma de caminar por la vida.

No pensé que esta frase fuera a cobrar sentido para mi y que mi propio sendero de la alegría tomaría su rumbo cuando tuve que enfrentar uno de los momentos más dolorosos y difíciles de mi vida, como lo fue perder a mi padre hace dos años.

Fue en ese momento cuando llegaron miles de preguntas sin respuesta evidente, emociones desconocidas, y me vi encerrada en un laberinto sin salida. Fue para mi sorprendente que mi comprensión de estas incógnitas se presentara por medio del estudio y practica de la felicidad.  He descubierto varias cosas por el camino y quisiera compartir algunas de ellas con ustedes.

Descubrí que, como decía Frankl, la felicidad es una manera de transitar la vida, que cultivarla y escogerla es una acción voluntaria y consciente que debemos realizar todos los días. Que cuando la vida nos presenta esos inevitables momentos dolorosos siempre vamos a tener varias opciones y somos nosotros quienes tenemos la posibilidad de ver la oportunidad oculta y cómo queremos responder frente a ese momento. Debo admitir que personalmente me costó mucho comprender esto y pasaron varios meses en los cuales estuve inerte e inmersa en mi propio dolor, tratando de anestesiarlo y de no sentirlo, esperando que algo externo a mi sucediera y me devolviera la alegría. El cambio se dio cuando logré dar un paso atrás y observar mi situación desde otra perspectiva, fue cuando pude darme la oportunidad de sentir, aceptar y empezar a transitar el dolor que pude ver otro panorama y dar la vía libre para otras emociones, fue en este proceso cuando descubrí que la felicidad es un asunto interno y que es nuestra decisión su mayor motor.

Descubrí que el verdadero reto está en conocer y explorar nuestro propio mundo interior que es, en mi opinión, tan complejo y maravilloso como nuestro mundo exterior. Que es cuando nos damos la oportunidad de conocernos, amarnos y aceptarnos que podemos empezar a ser los escritos conscientes de nuestra propia historia. Que es cuando podemos sentarnos en silencio a escuchar los deseos de nuestro corazón que logramos escuchar nuestro llamado y misión en esta vida. Estuve 23 años de vida siguiendo ideas preestablecidas por otros creyendo que eran las únicas correctas y los únicos caminos, sin conocer quién era Valentina, o cuáles eran sus fortalezas, sus sueños o sus pasiones. Pasé 23 años viviendo hacia fuera, pensando que era allí donde se vivía la vida, donde se encontraba la satisfacción o el sentido; prestando muy poca atención a mi ser, a mi espíritu, a mi felicidad. Hoy entiendo que mi propio ecosistema es rico y vasto, que soy un ser multifacético y diverso, y que el primer paso es empezar a conocerme, pues es dentro de mi misma en donde puedo sentir y vivir la verdadera alegría.

Descubrí que los momentos dolorosos son una parte fundamental de la vida y que la felicidad no significa evitar la tristeza o sufrimiento, y que es en estos momentos donde reside un poder que nos da la oportunidad de crecer y florecer como lo hacen los árboles después de los fríos inviernos. Que cuando nos damos la oportunidad de renacer podemos empezar a recoger los frutos de la alegría, que más allá de ser un concepto simple es complejo y fascinante, y tenemos la capacidad de aprenderla y cultivarla trabajando en ella día a día.

Para mi, la felicidad reside en poder contemplar y vivir nuestra propia vida sin comparaciones o anhelos futuros, sino encontrando las bendiciones sencillas y cotidianas en el momento presente. Que es cuando nos detenemos a observar algo tan simple como una puesta de sol que aprendemos que es en lo ordinario del diario vivir que la vida adquiere proporciones extraordinarias.

Descubrí que el mundo necesita mas personas que compartan su felicidad y acompañen a quienes los rodean a ser más felices. Que el mundo necesita mas miradas profundas, mas sonrisas auténticas, mas palabras de amor y más momentos de interacción humana. Y fue en este proceso en el cual decidí dedicarme a estudiar y comprender la felicidad desde varias miradas y disciplinas, dese la ciencia y la práctica, para poder ser una multiplicadora de sonrisas, dando a conocer herramientas sencillas que puedan llevarnos a recorrer nuestro propio y singular sendero de la alegría.