El poder de la palabra: Dime cómo hablas y te diré cuán saludable eres Una sencilla y común imagen de borde

El poder de la palabra: Dime cómo hablas y te diré cuán saludable eres

¿Cómo hablas? ¿De qué forma te expresas? ¿Cuales son las palabras que con más frecuencia salen de tu boca?

 Con nuestro lenguaje cotidiano podemos animarnos y sintonizar en lo positivo, así como también podemos caer en la negatividad y arrastrar a otros en nuestro clima emocional.

Seguramente te ha ocurrido: estabas feliz y entusiasmado y recibiste una llamada de una persona pesimista, quejándose, lamentándose de su suerte y culpando a otros… y toda la alegría que tenías se  fue al piso. Hay quienes contagian su mal humor a sus familiares y compañeros de trabajo; otros propagan sus chismes, burlas y críticas, y contaminan de negatividad los ambientes. A algunos les basta escuchar un comentario de recelo para que les siembren la desconfianza.

El poder de la palabra

No son solo los ambientes los que se contaminan con el hablar negativo. Las células del cuerpo responden al lenguaje de pesimismo, negatividad y a toda una gama de emociones.

Tus palabras llevan la fuerza de tus pensamientos y emociones. También con las palabras que usas a diario refuerzas la forma como te sientes y tu manera de pensar, lo cual influye en tu salud física y emocional.

La disciplina científica llamada psiconeuroinmunología ha dado a conocer numerosos estudios que demuestran que emociones como la rabia y el resentimiento afectan el sistema inmune de la persona y la predisponen a padecer enfermedades.

Asimismo, los modelos de desarrollo humano como la Programación Neurolingüística (PNL) utilizan el lenguaje como vía para modificar creencias, emociones y conductas, y como base para orientar a la persona hacia los logros que quiera alcanzar. La PNL emplea la conexión de lo neurológico (el cerebro) con lo lingüístico (el lenguaje) para lograr importantes cambios en el ser humano y llevarlo a su excelencia.

Entonces, nos conviene usar el lenguaje a nuestro favor. Podrías empezar haciendo una revisión de la manera como hablas: ¿Cuánto te quejas?, ¿cómo te hablas a ti mismo?, ¿cuán crítico eres hacia ti mismo y hacia los demás?

Sería recomendable revisar y reducir las frases como “no puedo”, “siempre me pasa lo mismo”, “a mí siempre me dejan por fuera”, “demasiado bueno para ser verdad”, “a Mafalda y a mí”, “la gente es mala, todos son iguales”. 

Es revelador

Los juicios, las burlas y los chimes son maneras muy negativas de usar nuestra capacidad para comunicarnos. Además, estos comentarios dicen más de la persona que los hace que de la persona a quien van dirigidos. Cuando alguien enjuicia, por ejemplo, sus palabras revelan la manera (tal vez estrecha) de ver el mundo y a los demás. Quien se burla de otro deja al descubierto el nivel de sus valores personales y seguramente características como escaso respeto a los otros, intolerancia, incomprensión, etc. Obviamente, quien se presta para lanzar un rumor o repetir un chisme muestra un lado poco elevado de su persona.

¿Cuáles son las principales emociones que están detrás de las burlas, la descalificación y los comentarios malsanos? ¿Vale la pena alimentar esos lados oscuros?

Todo es conversación. Para todo necesitamos la comunicación y la manera como nos hablamos marca la pauta para las relaciones sanas.

Las palabras de aliento, entusiasmo, optimismo, honestidad, respeto y cordialidad sin lugar a duda repercutirán en el ánimo de quien escucha, pero principalmente en quien las pronuncia.

En positivo

Podemos hacer un uso más consciente del lenguaje para producir cambios en nosotros mismos.

A muchas personas les sirve repetir una frase para disminuir un temor o llenarse de entusiasmo; a otras les funciona más si las escriben. En ambos casos, lo deseable es que se hagan en presente y en positivo. Los estudios del cerebro han revelado que este no capta el “no” en frases como “no tengo miedo”, ya que se fija en la palabra “miedo” y entonces refuerza esa emoción. Por ello se aconsejan oraciones como “estoy calmado y seguro”.

Asimismo, es recomendable evitar las etiquetas hacia uno mismo y hacia los demás. En lugar de decirte “soy desorganizado e impuntual”, puedes cambiar el enfoque y señalar la acción y la conducta: “lo que hice/mi trabajo está desorganizado, llegué tarde”. Lo mismo aplica para las personas con quienes interactúas; es más conveniente señalar la acción que se desee modificar.

 Agradece

En todos los ámbitos, las palabras “perdón” y “gracias” pueden producir magia; empléalas con generosidad.

Agradecer siempre conduce a un estado de ánimo más elevado. El trabajador a quien se le reconoce su existencia y se le agradece su labor se anima y puede aumentar su entusiasmo por lo que hace, lo cual redundará en mayor eficacia. En la convivencia diaria en la familia, estas palabras son necesarias para crear y mantener un buen clima emocional. Además, el niño que aprende a agradecer lo que recibe y vive se convierte en un adulto más consciente.

Bendice lo bueno. Cuando bendices algo, esto aumenta, debido a lo cual es preferible bendecir lo bueno.

El Sr. Masaru Emoto, japonés, doctor en medicina alternativa en la Universidad Abierta Internacional de India, señala que el lenguaje que usamos influye en nosotros y en nuestro ambiente. Ha realizado experimentos con el agua, congelándola luego de exponerla a palabras, músicas e imágenes, para después fotografiar los cristales resultantes. Emoto afirma que el agua expuesta a frases agradables y cordiales muestra cristales hermosos; mientras que aquella sometida a malas palabras y expresiones de odio y rechazo presenta colores grises y formas feas y asimétricas.

Si con nuestro lenguaje influimos en nuestros líquidos, moléculas y en nuestro ánimo, y además influimos en los demás y en el ambiente que nos rodea, bien vale el esfuerzo de hablar con cuidado.

Los grandes motivadores saben escoger las palabras que entusiasman e impulsan a lograr cosas y las combinan con el tono adecuado. Practica contigo mismo y empieza el día con buen pie y buena palabra.

 

Teresa León

@teresaleon