El poder sanador de llorar Una sencilla y común imagen de borde

El poder sanador de llorar

Luana Hervier Escrito por: Luana Hervier | Fecha de publicación: 18 de July de 2016

¿Alguna vez pensaste que permitirte llorar en vez de continuar a las corridas puede devolverte la paz?

Un día como hoy, me encontré con la necesidad espontánea de llorar. Solo que no era en el lugar más indicado… estaba en pleno centro comercial repleto de gente. Qué inoportuno.

Lo normal en un momento así es, seguramente, reprimirse y olvidar el impulso. Pero ya aprendí: reconozco que debo darle su lugar al llanto –en el momento presente- para que procese lo que necesita salir. Busco un lugar donde sentarme, me siento y me dedico a llorar. En el transcurso de mi llanto (con ninguna intención más que llorar) se acercaron varias personas:

– Una me preguntó si era por un novio, me reí diciendo que no. Llorar no siempre es por otro. Llorar es muy de uno, de lo que nos pasa frente a las situaciones o a los recuerdos.

– La segunda me pregunto si necesitaba algo. Si, llorar le dije. Me sonrió y me dejo tranquila.
Me pregunté por qué nos preocupa tanto que alguien llore deliberadamente, pero a su vez,  me sentí agradecida por la solidaridad en medio del caos de la ciudad. Permitirme en ese momento llorar en vez de continuar a las corridas me devolvió la paz. 


¿Cuántas veces hemos guardado el llanto? Sentimos bronca o tristeza y para protegernos, o para llorarlo en otro momento (porque no es lo correcto, porque no es el lugar, o porque no tiene nada que ver con la situación) lo guardamos en algún rincón de nuestro cuerpo.
Tarde o temprano, como todo lo que guardamos, se rencuentra con nosotros con la responsabilidad de elegir qué hacer con ello. A veces llegamos muy tarde, y entonces ese llanto perdido se convierte en una célula tan triste que nos enferma, tan bloqueada que nos impide avanzar o tan ancestral que nos empaña el futuro.

Razones fisiológicas y terapéuticas de un buen un llorón:
William H. Frey II, un bioquímico en la Universidad de Minnesota, postuló que la gente se siente mejor después de llorar debido a la eliminación de hormonas asociadas con el estrés, en particular la hormona adrenocorticotropa. No creo que nadie tenga dudas al respecto ni requiera demasiada confirmación científica. ¿Cuántas veces te has quedado dormido o bien relajado después de un buen llanto? Además, nuestro mar de lágrimas reduce la presión arterial y refuerza el sistema inmunológico. Llorar sin dudas es sanador y saludable.

Hipócrates, el padre de la medicina, decía que las lágrimas eran un fluido emocional que aprisionaba al ser humano y derramarlas era desprenderse de algo que lastimaba al cuerpo, algo que le causaba aprisionamiento, ansiedad y también ciertas enfermedades.

Llorar es necesario, llorar es natural, llorar es la emoción en el momento presente que viene a lavar heridas, que nos conecta con lo más profundo de lo que somos, y que a través de sus aguas saladas nos permite liberarnos y dejar así que nuevamente salga el sol.
Esta es una invitación saludable a llorar en el momento en el cual la canilla se abre sola. No guardes el llanto para después, ni busque dar explicaciones. Si traemos de fábrica la capacidad de llorar, no hay motivo para reprimirla. Es tan natural y necesaria como reír y como respirar.
Llorar es saludable, llorar es cosa  hombres y mujeres.
Cuanto caes en la cuenta de que todo, tanto los buenos como los malos momentos pasan, entonces ¿por qué no vivirlos y experimentarlos al máximo? Suelta lo que necesites llorar y deja salir el sol escondido en tu interior.

 

Sonrisa after crying,

Luana