¿Podemos ser más felices si nos lo proponemos? Una sencilla y común imagen de borde

¿Podemos ser más felices si nos lo proponemos?

Giancarlo Molero Escrito por: Giancarlo Molero | Fecha de publicación: 14 de April de 2016

¿Podemos fabricar un poco de felicidad para nosotros y los que nos rodean?

Pues la respuesta a ambas preguntas es que ¡sí!

Solo hay que aprender a diferenciar entre la felicidad natural y la felicidad sintética.

Claro que podemos, a través de nuestras acciones y reacciones, generar condiciones que nos permitan disfrutar más de nuestras vidas y de esta forma vivir más felices.

Dan Gilbert (Profesor de la Universidad de Harvard) ha escrito sobre el concepto y los hallazgos en relación a la felicidad sintética, así como sobre sus diferencias con la felicidad natural.

Gilbert explica que la felicidad natural la experimentamos cuando logramos lo que queremos, y la sintética es la que creamos cuando no logramos exactamente lo que queremos.

Muchos de nosotros pensamos que la felicidad creada/sintetizada por nosotros mismos no es lo mismo que la felicidad natural, pero diversos estudios científicos prueban lo contrario.

Es por ello que en nuestro día a día debemos identificar los momentos en los que no estamos recibiendo, consiguiendo o experimentando exactamente lo que esperamos para así intervenir de manera racional e intencionada y para lograr modificar nuestras reacciones o sentimientos sobre dichas situaciones.

Si tuvimos un mal día en el trabajo, si tuvimos una discusión con nuestra pareja o algún familiar, pues debemos inmediatamente actuar de manera proactiva e intervenir convenciéndonos a nosotros mismos de que dicha situación no debe afectarnos por largo tiempo y comenzar a pensar en cómo reconciliarnos con esas o perdonar para salir de lo malo.

Recordemos que en realidad una acción no puede ser buena o mala en  sí misma sino que dependerá del juicio que hagamos de ella desde puntos de vistas distintos, y entendamos que es nuestro pensamiento e interpretación sobre un hecho lo que permite que nuestro cerebro lo clasifique como una cosa o la otra.

En este sentido, podemos  y debemos, desde nuestra consciencia, evaluar siempre las situaciones basándonos en lo bueno que estas nos puedan dejar, e incluso, en el peor de los casos en el que todo resulte ser malo, pues considerar dejarlas pasar de manera rápida y fijarnos en lo siguiente,  en definir qué cosas positivas nos aporta o de qué manera también nos podrá ayudar más adelante a pesar de que en ese momento no le veamos ninguna ventaja.

Cuando nuestras creencias nos arrastran de manera fuerte y rápida a actuar o a sentir de determinada manera debido a una sobrevaloración de nuestros supuestos sobre la realidad, estamos poniendo en riesgo nuestra felicidad. Por tal motivo la opción sana e indicada es la de no asumir ni esperar nada como “bueno”, sino simplemente dejar llegar las situaciones y vivirlas como vengan.

Cuando atamos nuestra ambición y la dejamos anclada en un puerto donde no se pueda mover, en ese momento podremos trabajar, disfrutar y pasar un rato alegre y feliz.  Por el contrario, si dejamos que la ambición nos guíe y direccione nuestras acciones, entonces viviremos propensos a mentir, engañar, robar y lastimar a otros.

La decisión de vivir una vida feliz pese a los impases, tropiezos y demás contratiempos está en ti. Así que promueve la felicidad sintética que como ya sabemos, produce los mismos efectos en nuestro organismo que la felicidad natural.